«La joya recuerda la mano que la hizo. Trabajo el metal hasta que respira.»
— mb.Trabajo despacio. Cada pieza pasa por mis manos cientos de veces antes de tener nombre. No diseño joyas: las descubro en el metal mientras lo golpeo, lo fundo, lo dejo descansar.
Lo que hago se parece más a la escultura íntima que al ornamento. Cada anillo, cada colgante, recuerda quién lo hizo y para quién fue pensado.
Ningún archivo digital interviene. Cada idea nace en cuaderno cosido a mano y se afina hasta que la forma se sostiene sola.
Tallo el original directamente en cera azul. La cera recuerda el calor del dedo y guarda esa imperfección que el metal heredará.
Método milenario. La cera desaparece, el metal ocupa su sitio. La pieza nace una sola vez; lo que sale, sale.
Lima, cincel, tornillo de banco. El último gesto es siempre la pátina —un baño que envejece el metal y lo une a quien lo lleva.
Martín Borrás (Palma, 1986) se forma como joyero en la Escola Massana de Barcelona y prolonga su oficio con cuatro años de aprendizaje en talleres de orfebrería tradicional en Florencia y Estambul.
Vuelve a la isla en 2016 para abrir atelier propio en Sóller, un taller pequeño donde diseña, funde y termina cada pieza sin intermediarios. Trabaja por encargo, en colecciones cortas, y enseña una clase anual a cinco aprendices.
Su obra se ha mostrado en ferias de arte aplicado en Múnich, Lisboa y Milán. Forma parte de las colecciones permanentes del Museu de Mallorca y del CRAFT — Centre Européen de Recherche en Limoges.
Acepto entre 18 y 24 encargos al año. El proceso comienza con una conversación —presencial en Sóller o por videollamada— y se prolonga entre tres y cinco meses. Cada encargo incluye boceto firmado, prueba en cera y una fotografía de la pieza terminada en mi taller.